lunes, septiembre 06, 2010

Dehesa

A esta le voy a llamar columna. No es un post. No es un blogazo. Es una columna. O intenta serlo. Cuando menos porque es lo que se me ocurre hacer como homenaje. O algo así. Más bien es una reflexión en la que me enfrento a mi contra una de las figuras que respeto.

Después de una semana de perros, decido reincorporarme a la vida humana y me acerco a las noticias. Viernes en la mañana, primera nota que leo es "Se murió Germán Dehesa". "Son mamadas", me digo; checo y recheco links por la incredulidad. No hacía ni una semana que lo había agregado a mi lista de followed de Twitter - y esa creo que fue toda mi interacción personal con el escritor. Y así, se fue.

O más bien llegó. Porque me agarré leyendo columnas viejas de él, cosas publicadas antes de que me interesara su columna. Poco después, en una discusión, que surgió tal vez de la casualidad, con mis familiares - las diferencias entre Monsiváis y Dehesa -, apareció el comentario de que mi forma de escribir se parece a la de él. O que más bien yo me parezco a él. Leyendo algunas cosas, como su columna de Yo contra mi, comencé a reflexionar un poco y no se me pudo quitar de la mente la pequeña gran interrogante: ¿En qué?

Dehesa, según Dehesa, luchó o vivió con su dualidad; su religiosidad interna y su palabra externa; su inseguridad y sus escritos; su timidez y su figura pública; todo esto, guardando muy bien las distancias con la locura. Yo no viví la locura como la vivió él; yo no crecí con alguien a quién le platicaba mis historias, yo no crecí con alguien que me fustigara cada vez que mi perspectiva discrepaba de la del mundo, yo no crecí con los castigos y la bohemia, ni viví siempre a la sombra de mis orejas.

Yo viví la locura, simplemente; mis historias me las contaba a mi, el que me fustigaba era yo, el que me castigaba era yo y el que se excedía de a gratis era yo. Dehesa, como buen mexicano, creció como mexicano - a la buena y a la mala de México. Yo, por mi parte, crecí tan lejos y tan distante de mi México querido, crecí tan alejado de la gente simplemente porque de adentro de mi no podía salir, que las comparaciones con el columnista - el de verdad - me parecen forzadas.

En lo que si estaría de acuerdo, es que Dehesa no se ajustaba a los grandes discursos que componen el dialecto mexicano. De una u otra manera, él reconocía la existencia de estos discursos y sabía que eran meras fabricaciones, así que prefería escribir el discurso de un mexicano más. El cual, me parece, es el que pocas veces leemos. Y es el que yo en este momento intento escribir.

Y quiero intentar escribir. Por un rato. Como todo, probablemente venga y vaya, pero hoy escribo una columna y mañana tal vez otra.

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