Tmba
La mía es ya una soledad patológica que me sigue y seguirá, creo, por muchos años. Así como me ha seguido a lo largo de mi vida. Enfermedad, cosa que me parece curiosa, no en el sentido de desequilibrio, desbalance o alteración del funcionamiento normal del organismo - yo -, sino en el sentido semántico de la expresión. No es una enfermedad porque realmente lo sea, sino porque esa es la palabra que de común acuerdo se usa para definir casos similares.
Los solitarios crónicos son muchos y su patología es de orden meramente psicológico. Peor es la vida para los que se encuentran en el caso contrario pero paralelo. Los solitarios que simplemente no encuentran compañía. Ellos están solos no porque así se sientan, aunque si lo sienten, sino porque ellos simplemente no encuentran con quien acompañarse. Eso es más desgastante. Los que simplemente se sienten solos, simplemente se sienten así y es todo. No hay remedio, no hay cambio y, sin embargo, si hay una vida que bien puede ser muy feliz. Esta última es la mía.
Me llama la atención la perversión de la palabra enfermedad. Más en el sentido de lo psicológico - palabrita esta que tiene sus tintes más bien ridículos y macábros - que en lo fisiológico. Si la piel de alguien se abre constantemente, hasta que el músculo y la sangre brotan de sus costados, está bien, si, es una enfermedad. No funciona correctamente. Sin embargo, si una persona tiene fuertes cambios de humor, o ve imágenes irreales dibujadas en sus retinas, o siente mil manos puntiagudas recorriendo su cuerpo cada vez que está fuera de su casa, o se siente deprimida al ver constantemente que la gente no deja de hacerse daño, bueno, esa persona también puede estar perfectamente adaptada, balanceada, funcionando correctamente, feliz, avanzando, creciendo, aprendiendo. No pondré el final de la reflexión. No tiene caso.
Me agrego únicamente el detalle que me quería comunicar. Me siento solo no por estarlo, que no lo estoy, sino porque esa es la sensación que me llevaré conmigo a la tumba.
Ahora, a trabajar.
Los solitarios crónicos son muchos y su patología es de orden meramente psicológico. Peor es la vida para los que se encuentran en el caso contrario pero paralelo. Los solitarios que simplemente no encuentran compañía. Ellos están solos no porque así se sientan, aunque si lo sienten, sino porque ellos simplemente no encuentran con quien acompañarse. Eso es más desgastante. Los que simplemente se sienten solos, simplemente se sienten así y es todo. No hay remedio, no hay cambio y, sin embargo, si hay una vida que bien puede ser muy feliz. Esta última es la mía.
Me llama la atención la perversión de la palabra enfermedad. Más en el sentido de lo psicológico - palabrita esta que tiene sus tintes más bien ridículos y macábros - que en lo fisiológico. Si la piel de alguien se abre constantemente, hasta que el músculo y la sangre brotan de sus costados, está bien, si, es una enfermedad. No funciona correctamente. Sin embargo, si una persona tiene fuertes cambios de humor, o ve imágenes irreales dibujadas en sus retinas, o siente mil manos puntiagudas recorriendo su cuerpo cada vez que está fuera de su casa, o se siente deprimida al ver constantemente que la gente no deja de hacerse daño, bueno, esa persona también puede estar perfectamente adaptada, balanceada, funcionando correctamente, feliz, avanzando, creciendo, aprendiendo. No pondré el final de la reflexión. No tiene caso.
Me agrego únicamente el detalle que me quería comunicar. Me siento solo no por estarlo, que no lo estoy, sino porque esa es la sensación que me llevaré conmigo a la tumba.
Ahora, a trabajar.
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