miércoles, febrero 17, 2010

Segunda mano

Uno de los pequeños trucos mentales que más disfruto, es una suerte de ilusión óptica de la que poco o nada he leído al respecto. Msi, ya no recuerdo si poco o nada. La mitad de las cosas me las cuento sin haberlas leído y de todas formas me sirven. La otra mitad las leo, las estudio, las memorizo, las desmenuzo, las reacomodo, las reestructuro, las comparo con el objeto de estudio inicial y las sigo rumiando por... no. Sólo las sigo rumiando.

El caso es este. El tamaño de las manos es ridículo. Tal vez sea sólo yo el que siente este efecto, pero el tamaño de las manos es algo realmente ridículo. Vistas desde nuestra persona, no parecen tan grandes. Vistas en otra persona, viva o estática, no parecen tampoco la gran cosa. Vistas en una reproducción, son enormes. Realmente enormes. Si uno dibuja conservando las proporciones correctas de un cuerpo humano, se tiene que detener un momento antes de dibujar las manos. ¿Realmente miden de aquí hasta allá? Son gigantescas.

Los dedos se extienden por una eternidad. Incluso para aquellos que les parecen chonchos. Las palmas de las manos son unas bestias planas con una increíble capacidad de movimiento. La muñeca y el área que se acerca y rodea al "huesito de la muñeca" - nota: volver a buscar si tiene nombre - es inverosímilmente extensa. Medida contra el brazo, la mano resulta de una longitud considerable. Medida contra la pierna, también. Puesta en el centro del pecho - go on. Si no estás demasiado pasado de peso, dos manos abiertas pueden abarcar tu torso entero -, resulta gigantesca.

Se nota mucho este tamaño en las reproducciones de lo humano. Esto es donde entra el truco mental. Percibimos lo humano como humano y por tanto lo distorsionamos para adaptarlo a lo vehementemente humano. Las caras toman cierta composición. Los cuerpos toman cierta tesitura. Los ojos aparentan cierta forma. Y las manos se ven chiquitas.

En una reproducción, lo humano no es tan humano y lo observamos de forma más directa, por sus partes, por sus comparaciones. Y es cuando las manos resultan más terribles y enormes. Para que una mano se vea bien, necesita cumplir una de tres condiciones. Necesita ser excesivamente delgada y/o estilizada. Necesita ser pequeña y/o poco detallada. Necesita no tener un cuerpo al cual adjudicarla. Agrego estos y/o más que nada porque me parece que estas son categorías que van juntas, no tanto por ampliar las condiciones. Por eso las esculturas tienen esas manotas, por eso Escher le da esa importancia las manos desestimando otros elementos de la composición, por eso las caricaturas tienen cuatro dedos.

Es un efecto que me desespera, pero me agrada y disfruto. Somos unos pinches changos raros con unas manotas enormes. Las sombras las dibujan como son. En la torre. Son unas señoras manotas.

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