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No es tanto el problema que no tenga nada que contar. Las historias están ahí. Son mil y cientas, todas alineadas, en variaciones infinitas que esperan su momento de salir. El problema es que yo, como persona, no tengo nada que decir. No porque no tenga opiniones, sino porque en las opiniones no hay valor alguno. El silencio es el medio que elegí para comunicarme con la vida - razón por la cuál siempre termino quedándome con nada; sin carrera, sin trabajo, sin futuro; mientras que, por alguna afortunada razón, lo tengo todo; amor, felicidad, espacio -, pues de ella no podré obtener más que eso; todas las voces que se entrecruzan frente a nosotros no son nada más que eso: silencio en su forma audible. Palabras más o palabras menos, lo que todos nos dicen equivale a nada, pues de ellas nuestra vida no podrá obtener más que las palabras mismas. Es el efecto, la acción y la causa lo que puede darnos algo. Un abrazo, un plato de comida, un trabajo bien hecho. Las palabras son sólo eso, palabras. Y ese no es un mensaje que se transmita por ese mismo medio.
Si, estoy divagando. Mucho. Pero la verdad es que mi mente no ha estado del todo en si en estos últimos días. Hoy mismo vi en un árbol a un cocodrilo que mordía un pájaro, pero que no podía tragarlo. O yo creo que era un cocodrilo. Tenía forma de lagarto y su traje de umpire, como los cocodrilos. Será cosa de que consiga un trabajo al cual dedicarme. Pero simplemente no lo encuentro.
Puedo seguir intentando dedicarme a mis textos, pero la verdad es que no he encontrado en ellos nada que valga la pena mostrar. No hay mensaje. No hay propuesta. Sólo una historia y tal vez alguna reflexión que no es del todo mía. Pero eso no es un trabajo, ni deja dinero, ni tiene un futuro. Puedo hacer muchas cosas pero lo que no se niega a ser enseñado, se niega a ser aprendido - soy incapaz de lograr mucho, lo sé, pero intento cambiarlo - y lo que se sabe simplemente se niega a ser otorgado, pues importan más los contactos - imbéciles - y los títulos - doblemente imbéciles - que las capacidades reales.
Lo peor de todo es que sé que trabajo lento. Y que mi trabajo no es la gran cosa. Pero si al menos pudiera dedicarme a algo, a cortar árboles o construir modelos, a escribir detalles o archivar datos, sería eso para mi suficiente.
No sé en que mundo existen mis padres, ni sus padres - y si, con esto no me refiero a mis progenitores -, pero sé sin mucho problema que sus expectativas son algo muy alejado de lo que yo soy, de lo que yo quiero y de lo que yo puedo. Dame un martillo y lo usaré. Dame un clavo y lo usaré. Dime, con palabras, qué es un clavo y un martillo y yo pensaré en ello, jugaré con ello en mi mente y crearé variaciones sobre el tema, pero no inventaré el clavo y el martillo de nuevo, ni los forjaré del aire. No le veo el caso. No le veo el uso. Y eso es lo que apesta, pues esa última parte es todo lo que puedo hacer, siendo yo el no-instruido que soy en todo.
Finalmente, no voy a ningún lado escribiendo aquí. De nuevo. Así es mejor. Que se espere menos de una buena vez. Ser feliz y morir sin hambre. Es sólo un par de palabras y es una historia enorme. Un libro que tal vez escriba algún día. Las historias están ahí. Pero yo no soy nadie para contarlas.
Si, estoy divagando. Mucho. Pero la verdad es que mi mente no ha estado del todo en si en estos últimos días. Hoy mismo vi en un árbol a un cocodrilo que mordía un pájaro, pero que no podía tragarlo. O yo creo que era un cocodrilo. Tenía forma de lagarto y su traje de umpire, como los cocodrilos. Será cosa de que consiga un trabajo al cual dedicarme. Pero simplemente no lo encuentro.
Puedo seguir intentando dedicarme a mis textos, pero la verdad es que no he encontrado en ellos nada que valga la pena mostrar. No hay mensaje. No hay propuesta. Sólo una historia y tal vez alguna reflexión que no es del todo mía. Pero eso no es un trabajo, ni deja dinero, ni tiene un futuro. Puedo hacer muchas cosas pero lo que no se niega a ser enseñado, se niega a ser aprendido - soy incapaz de lograr mucho, lo sé, pero intento cambiarlo - y lo que se sabe simplemente se niega a ser otorgado, pues importan más los contactos - imbéciles - y los títulos - doblemente imbéciles - que las capacidades reales.
Lo peor de todo es que sé que trabajo lento. Y que mi trabajo no es la gran cosa. Pero si al menos pudiera dedicarme a algo, a cortar árboles o construir modelos, a escribir detalles o archivar datos, sería eso para mi suficiente.
No sé en que mundo existen mis padres, ni sus padres - y si, con esto no me refiero a mis progenitores -, pero sé sin mucho problema que sus expectativas son algo muy alejado de lo que yo soy, de lo que yo quiero y de lo que yo puedo. Dame un martillo y lo usaré. Dame un clavo y lo usaré. Dime, con palabras, qué es un clavo y un martillo y yo pensaré en ello, jugaré con ello en mi mente y crearé variaciones sobre el tema, pero no inventaré el clavo y el martillo de nuevo, ni los forjaré del aire. No le veo el caso. No le veo el uso. Y eso es lo que apesta, pues esa última parte es todo lo que puedo hacer, siendo yo el no-instruido que soy en todo.
Finalmente, no voy a ningún lado escribiendo aquí. De nuevo. Así es mejor. Que se espere menos de una buena vez. Ser feliz y morir sin hambre. Es sólo un par de palabras y es una historia enorme. Un libro que tal vez escriba algún día. Las historias están ahí. Pero yo no soy nadie para contarlas.
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