viernes, enero 29, 2010

En la biblioteca

Juetodasuputmatre.

Escribiendo. "Oh, si, ya me gustó el ritmo que está agarrando esta cosa". Se va la luz. "Estaba escribiendo en el bloc de notas, ¿verdad?".

Juetodasuputmatre.

El problema de iniciar algo, en estos días, es que para mi todo lo que inicio se encuentra inmediatamente enfrentado por una causalidad que me dice, sin miedo, "no, cabrón, no vas a hacer nada".

Que joda.

sábado, enero 23, 2010

Arrullo pétreo

Ahora que lo pienso, ¿para qué era que se decían las cosas? Se supone que la comunicación sirve para algo, pero en realidad cada quien escucha lo que quiere escuchar, piensa lo que quiere pensar y desestima todo lo que le llega a los oídos.

No. No todo. No siempre. Cuando somos pequeños nos tomamos muy en serio cada cosa que escuchamos, sea o no sea verdad. Cuando crecemos desconfiamos de todo y solemos descansar en nuestro propio juicio. Confiemos en él o no. O al menos así funciona muchas veces. Al que no desconfía se le trata de crédulo y se abusa de él. Casi siempre.

Es muy importante esa cláusula, me parece. Casi siempre. No siempre. La mayoría del tiempo. Casi nunca. La escribo de varias maneras para tratar de redondear la idea a la que me refiero. La cláusula del no-es-absoluto. No sirve absolutamente siempre, pero casi siempre parece ser muy útil.

Como realmente no voy a ningún lado, cierro el post aquí con el siguiente mensaje: El sol brilla, la luna miente y las rocas viajan solas en el universo. Todo inicia, todo se acaba, pronto moriremos y hoy hace un buen día.

miércoles, enero 06, 2010

Just ranting. No, really.

"La humanidad tal como la conocemos acabará". Es el mensaje de todas las épocas. Es la declaración que surge siempre que uno comienza a preguntarse "¿cómo chingados le vamos a hacer para sobrevivir a estos imbéciles?".

En algunos casos la respuesta viene de la seguridad de un cataclismo inimaginable, la destrucción en seco de todo lo que nos permite existir. En otros, de la simple observación de los según esto líderes representantes de la humanidad. A veces es una declaración basada en la fe - la que va atada al dogma y no a la forma en la que vivimos - o en la comprensión de la fragilidad de todo lo que vivimos. Es una frase que viene surgiendo desde hace mucho y que se seguirá repitiendo una y otra y otra vez. Hasta que "la humanidad deje de ser lo que conocemos que es".

Aunque sigue siendo una declaración que sigue sin considerar que la humanidad no es mucho, en realidad. A parte de ser una categoría arbitraria, en un lenguaje arbitrario, es tan fácil cumplir con sus características que resulta ridículo pensar que el concepto de humanidad está realmente ligado al ser humano como especie.

Hay más humanidad en una madre cocodrilo cuidando a sus crías que en una madre abortando a una hija. A menos, claro, que se considere que la humanidad es, en su definición, lo bueno y lo malo; estos dos términos, por demás, fluctuantes.

Lo divertido viene del pensar que si la humanidad deja de existir tal como la conocemos, entonces ¿qué forma adoptará? No se acabó con la legalización del voto femenino, la integración de razas, el uso de los celulares o la publicación de GTA 3.

Es cierto que se está acabando. Eso es definitivo. Todo tiene un principio y un final - o eso parece. Pero eso no quiere decir que ese fin vaya a ocurrir pronto. Sería mejor preocuparse de tener una buena vida sin chingar a nadie, yo creo.

Si el mundo - el humano, cuando menos - se va a acabar, no celebremos. Tampoco recaigamos en el amargamiento o la autodestrucción. No nos quejemos de todas y cada una de las nimiedades de la existencia, de las demás personas, de los gustos y tendencias de la moda o del nuevo político en puerta. Esas son alternativas demasiado simples. Sin imaginación. Sin placer. Mejor elijamos la opción difícil. Simplemente vivamos.

lunes, enero 04, 2010

AFbyHM

Ahora me quedé con ganas de adaptar - fácil - y dirigir - uh... - una versión amexicanada de After Dark. That damn book is basically a script. Pero un libreto bueno, al menos.

miércoles, diciembre 16, 2009

Count

Cada quien cuenta como quiere. Supongo yo. En el interior de nuestras cabezas hay siempre un reloj o un cronómetro, un metrónomo o una pequeña escala numérica que repetimos y repetimos, sin darnos cuenta, enlazándonos casi imperceptiblemente a un mundo de completa abstracción.

Algunos cuentan hacia atrás. Otros siguen un orden normal. Avanzan o retroceden poco o mucho, intentando aferrarse a esa estructura inmóvil pero etérea que nace de la cuantificación. Uno, dos, tres... no sé.

Yo cuento de cinco en cinco hasta llegar a cincuenta. Entonces comienzo a contar de uno en uno hasta llegar a sesenta. Luego de cuatro en cuatro hasta llegar a cien. Luego de cien en cien hasta llegar a dos mil. Y después algo. Improviso. Pero rara vez regreso a contar de uno en uno.

No es muy ordenado, pero es lo que me sirve. Cada quien cuenta como quiere. Cada quien tiene un cuento, de alguna manera.