"La humanidad tal como la conocemos acabará". Es el mensaje de todas las épocas. Es la declaración que surge siempre que uno comienza a preguntarse "¿cómo chingados le vamos a hacer para sobrevivir a estos imbéciles?".
En algunos casos la respuesta viene de la seguridad de un cataclismo inimaginable, la destrucción en seco de todo lo que nos permite existir. En otros, de la simple observación de los según esto líderes representantes de la humanidad. A veces es una declaración basada en la fe - la que va atada al dogma y no a la forma en la que vivimos - o en la comprensión de la fragilidad de todo lo que vivimos. Es una frase que viene surgiendo desde hace mucho y que se seguirá repitiendo una y otra y otra vez. Hasta que "la humanidad deje de ser lo que conocemos que es".
Aunque sigue siendo una declaración que sigue sin considerar que la humanidad no es mucho, en realidad. A parte de ser una categoría arbitraria, en un lenguaje arbitrario, es tan fácil cumplir con sus características que resulta ridículo pensar que el concepto de humanidad está realmente ligado al ser humano como especie.
Hay más humanidad en una madre cocodrilo cuidando a sus crías que en una madre abortando a una hija. A menos, claro, que se considere que la humanidad es, en su definición, lo bueno y lo malo; estos dos términos, por demás, fluctuantes.
Lo divertido viene del pensar que si la humanidad deja de existir tal como la conocemos, entonces ¿qué forma adoptará? No se acabó con la legalización del voto femenino, la integración de razas, el uso de los celulares o la publicación de GTA 3.
Es cierto que se está acabando. Eso es definitivo. Todo tiene un principio y un final - o eso parece. Pero eso no quiere decir que ese fin vaya a ocurrir pronto. Sería mejor preocuparse de tener una buena vida sin chingar a nadie, yo creo.
Si el mundo - el humano, cuando menos - se va a acabar, no celebremos. Tampoco recaigamos en el amargamiento o la autodestrucción. No nos quejemos de todas y cada una de las nimiedades de la existencia, de las demás personas, de los gustos y tendencias de la moda o del nuevo político en puerta. Esas son alternativas demasiado simples. Sin imaginación. Sin placer. Mejor elijamos la opción difícil. Simplemente vivamos.